El rebozo es una prenda de vestir típica de las mujeres mexicanas que consiste en una pieza rectangular que mide aproximadamente entre 1.5 y hasta 3 metros de largo y es elaborada en diversos materiales como algodón, lana, artisela o seda.

Este hermoso accesorio tiene múltiples usos que van desde ser un mero adorno y formar parte de los trajes típicos de los bailes tradicionales mexicanos, hasta convertirse en un protector contra el frío y un utilísimo sujetador para cargar bebés. Sus precios también son variados, dependiendo del material y la forma en la que estén hechos.

Rebozos mexicanos

La palabra rebozo apareció en la lengua hispana en el año de 1562 evocando el acto de cubrirse o “embozarse” el rostro hasta la nariz o los ojos y es un producto derivado del mestizaje que llegó a alcanzar tal importancia a nivel nacional e internacional que en el año de 1757 se tuvieron que dictar sus reglas de elaboración y se adoptó a la Virgen de las Angustias como patrona de las mujeres artesanas dedicadas a su confección.

Los rebozos se fabrican en toda la República Mexicana, aunque los más famosos son los que se realizan en los estados de México, Oaxaca, Guerrero, Guanajuato, Michoacán y San Luis Potosí. Este último estado es cuna de los Rebozos Caramelo, hechos en la población otomí de Santa María del Río, los cuales se precian de ser los más caros de todos.

En esta misma población se fundó en el año de 1951 la primera Escuela de Rebocería, con el objetivo de rescatar la tradición de la confección de rebozos que se estaba perdiendo.

Rebozos mexicanos

Los rebozos no solamente son unas hermosas prendas de vestir, también forman parte de la cultura popular mexicana, tanto así que han llegado a ser protagonistas de pinturas, esculturas y hasta de famosas canciones.

“Tápame con tu rebozo, Llorona, porque me muero de frío”.

Estas prendas son verdaderas obras de arte hechas con tal maestría que, los más finos, elaborados en seda, llegan incluso a pasar a través de un anillo de mujer.